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Un paraíso inalcanzable para los finlandeses

(Este texto fue publicado en el Periódico CUBARTE en los meses de Noviembre y Diciembre del 2009 y se basa en lo publicado en el Libro “Las dos caras del Paraíso” dedicado a la migración finlandesa en Cuba. )

Dos colonias de agricultores finlandeses que llegaron a Cuba en los primeros años del siglo veinte, más que una mera curiosidad con tintes de exotismo, es un fenómeno doblemente interesante, tanto para ser registrado en el largo y accidentado historial de las migraciones como para que queden señaladas en el proceso de las ideas políticas y sociales en tanto que singular experimento entre las utopías de los tiempos modernos.

Eero Erkko, fundador de colonia finlandesa en Cuba

Eero Erkko, fundador de colonia finlandesa en Cuba

Eero Erkko, un periodista enfrentado al régimen zarista ruso que entonces ocupaba Finlandia, fue desterrado en 1903 y se dirigió a Nueva York. Allí se asoció con A. Hornborg, un hombre de negocios finés que operaba en esa ciudad. La nueva empresa adquirió tierras en Cuba adonde había viajado Erkko. El propósito era establecer una colonia agrícola formada sobre todo por refugiados políticos finlandeses opuestos al Zar de Rusia. También podían integrarla aquellos que habían evadido el servicio militar.

Itabo: zona de asentamiento

Para el asentamiento fue escogida la zona de Itabo, al norte de la provincia de Matanzas, cerca de Cárdenas. Las tierras tenían una extensión de cinco mil acres (alrededor de ciento sesenta y seis caballerías) que fueron parceladas en secciones y luego vendidas a los nuevos colonos.

En la primavera de 1904 partió desde Rocklin,  Estados Unidos, hacia Itabo, un grupo de granjeros fineses que habían emigrado a Norteamérica donde establecieron una colonia agrícola. A. A. Karjalainen, alias Karr, era, al parecer, el jefe de los recién llegados que estaban inspirados por las ideas de Eero Erkko.

La empresa de Hornborg y Erkko llevaba por nombre The Cuban American Land & Fruit Co. Decía Erkko: “Cuba tiene todas las cualidades para convertirse en un verdadero paraíso, siempre y cuando vayan a trabajar allá gentes capacitadas de Escandinavia y Finlandia”.

Según consta en la correspondencia relativa a la colonia de Itabo y que se conserva en archivos de Finlandia, Erkko, quien profesaba ideas nacionalistas, aspiraba a formar en Itabo unidades militares capaces de ser trasladadas con rapidez a su país para emprender la lucha contra el ocupante zarista.

La tierra cubana

En American Kaiju, publicación finlandesa editada en los Estados Unidos, Karr publicó artículos donde describía las condiciones de vida en la colonia y ofrecía consejos prácticos a aquellos que estuvieran dispuestos a sumárseles. Decía que una de las ventajas de la colonia radicaba en el hecho de que se cultivaba la tierra todo el año, libres de las heladas y de otros inconvenientes propios de la agricultura en los países de climas fríos.

Con mil dólares se podía comenzar a explotar la tierra. Incluso con quinientos era suficiente. Tampoco estaban exentos de dificultades que debían encarar, tales como el alto precio de los alimentos, el desempleo y la escasez de bienes de consumo. Karr aconsejaba ir a Itabo bien provistos de toda clase de implementos, ropas, zapatos y utensilios del hogar.

La compañía de Hornborg y Erkko había adquirido las tierras de la Cuba Real Estáte Association. Su agente era César Marrero, quien había sido guía de Erkko cuando éste hizo su primer viaje de exploración al país.

Según William Keskinen, en el primer semestre de 1907 había doce familias finlandesas en Itabo.

La historiadora finlandesa Ritva Jarva señalaba que los fineses que vinieron a Itabo desde Norteamérica lo hicieron por razones económicas: mejorar sus condiciones de vida como agricultores independientes en lugar de trabajar en una gran fábrica o en una mina. No así aquellos que procedían de Finlandia que emigraban por razones políticas y de oposición al zarismo.

Erkko afirmaba que la colonia debía ser un lugar particularmente adecuado para oficiales licenciados que vivían en el exilio y que también fueran capaces de dedicarse a la horticultura, a pesar de que la mayoría podría encontrar arduo el trabajo manual agrícola.

En abril de 1904, llegó a La Habana K. Brofeldt con la intención de explorar las tierras que estaban en venta en Cuba, más específicamente en Itabo, a través del agente César Marrero. Al final no las compró.

Selim Sederqvist se refiere a las misteriosas funciones de una compañía establecida en Nueva York, a la cual representaba Brofeldt, y para subrayar el misterio no menciona nombres. La razón, obviamente, era que el plan tenía delicadas implicaciones políticas a lo cual se añadía la censura que se ejercía entonces contra la prensa de Finlandia. De modo que se tomaron medidas para que un número considerable de colonos finlandeses emigraran hacia Cuba. Sederqvist que era de la ciudad de Turku y “otro hombre de Helsinki” vinieron a Cuba para darle continuidad a la labor ya emprendida por Brofeldt. Los acompañaba un agente de la compañía que cerraría la operación. Las garantías dependían de las medidas que tomara la compañía. Esta contaba con medio millón de dólares para invertir en el proyecto de fundar la colonia, adquirir extensas áreas de tierra, organizar líneas de vapores entre Europa y Cuba, así como entre Cuba y Nueva York.

Planeaba, igualmente, construir ferrocarriles y carreteras en Cuba que facilitarían las comunicaciones entre los colonos finlandeses. Esas infraestructuras en las comunicaciones se proyectaban con el fin de un rápido traslado de unidades militares hacia Finlandia. Tales eran los propósitos de Erkko y de otros exiliados políticos en Estocolmo.

Erkko escribió: “Deberían (los colonos) mudarse para el campo, adquirir una parcela de tierra que les ofrezca la posibilidad de obtener con trabajo efectivo un sustento razonable que también les brinde la posibilidad para el desarrollo espiritual”.

El periodista finés también estudió las perspectivas de la agricultura cubana. “Dentro de un par de años –escribió en 1903– Cuba se convertirá en un invernadero de la costa atlántica de los Estados Unidos porque tiene todas las condiciones para ello”. Itabo tomó el nombre de Chicago Colony ya que también se hicieron ofertas de venta de tierras a posibles inmigrantes norteamericanos.

1905: cambios en Finlandia y su repercusión

Sin embargo, la razón de más peso que explica por qué se frustró ese proyecto visto en su conjunto, no así el asentamiento de algunos colonos y sus familias en Itabo durante algún tiempo, parece haber sido la escasez de fondos y la incertidumbre acerca de la legitimidad o legalidad de los títulos de propiedad de la tierra, lo que quedó al descubierto en el momento de la compra. Y, sobre todo, porque al modificarse las condiciones políticas en Finlandia ya que se produjo en 1905 una apertura liberalizadora como consecuencia del movimiento revolucionario en Rusia, los exiliados y refugiados políticos finlandeses comenzaron el retorno hacia su país y, entre ellos, el propio Eero Erkko.

La emigración hacia Cuba parece haber sido más calorizada entre los finlandeses de Estados Unidos que en su país de origen. Después de la llegada del grupo de Karr procedente de Colorado, arribó en 1905 la familia Niskanen y en 1907 la familia Huovinen desde Leadsville, también en Colorado. Probablemente ya se habían asentado allí doce familias finlandesas cuyas casas levantaron en el mismo monte, a unos veinte kilómetros de la costa.

Según diversos testimonios los granjeros se dirigían a la ciudad a caballo, un caballo que la familia Niskanen le había pedido prestado a una familia sueca vecina. Los niños jugaban, pescaban y nadaban en el río cercano con los hijos de las familias cubanas.

La primera casa que levantó la familia Niskanen fue un bohío. La tierra de Itabo era de dudosa calidad puesto que ni siquiera fue posible cavar un pozo de agua. Los colonos finlandeses se mantenían unidos. La madre de la familia Koskinen hacía las veces de comadrona. Entre los componentes de la comunidad unos pocos eran creyentes, pero, en general, no eran religiosos. Tampoco frecuentaban la iglesia. Según han referido algunos descendientes de los fundadores, los vecinos de Itabo, fieles al espíritu de la época, se manifestaban contra la arraigada costumbre de ingerir bebidas alcohólicas.

Eemeli Huovinen se dio cuenta enseguida que Itabo no era el sitio más adecuado para desarrollar la agricultura, sobre todo a causa de la sequía. Su mujer, Matilda, y sus hijos permanecieron un año más en Cuba durante el cual ocurrieron algunas cosas inusuales.

La historia de Matilda

Matilda compró una pequeña bodega en el campo. Vendía alimentos y herramientas, tanto a los finlandeses como a los cubanos de la comarca. El medio de comunicación era el idioma español que ella hablaba con fluidez. Ausente el marido, a la bodeguera la invitaban, le insinuaban, la asediaban todo el tiempo. Pero Matilda, por lo visto, no se andaba con chiquitas: colgó un rifle de la pared de la bodega y más de una vez tuvo que empuñarlo para defenderse de algunos impertinentes. Cuando los parroquianos indagaban dónde estaba su marido ella les mostraba el fusil y les decía que aquello le bastaba como marido. Al parecer algunos le faltaron el respeto y con palabras fuera de tono pusieron en duda que supiera manejar el arma. Ella los retó a que se situaran como blancos en el camino. Por supuesto que no quisieron hacerlo. Matilda, sin embargo, a modo de advertencia, disparó un par de veces a una palma próxima.

Después sucedió que una noche se escucharon ruidos en la ventana del almacén que había sido construido sobre troncos de madera. Al parecer trataban de entrar, pero Matilda le entregó el rifle a su hija, ella agarró un hacha que descargó y en la ventana se escuchó un grito de dolor. Por la mañana encontraron tres dedos que Matilda conservó y exhibió en un pomo con vinagre a la vez que declaraba que el posible interesado podía pasar a recogerlos cuando quisiera. Nunca se supo a quien pertenecían. En el curso de ese año la bodega produjo dividendos tales que, al siguiente, compraron los pasajes para toda la familia y regresaron a Colorado.

La familia Niskanen

El derrotero de los Niskanen fue mucho más accidentado. Como las perspectivas económicas en Itabo eran cada vez más oscuras, Pekka, el cabeza de familia, partió hacia Panamá para trabajar en la construcción del canal. La familia, que apenas conocía el idioma, permaneció en Cuba pasando estrecheces a la espera del padre. Volvió Pekka pero se fue nuevamente, esa vez a Brasil como constructor de la carretera Panamericana. La madre regresó con sus hijos a Finlandia en 1910. Pekka, por su parte, logró ahorrar unos treinta y cinco mil dólares y también retornó a Finlandia a buscar a la familia. La madre se negaba a volver a Cuba pero él era un optimista furibundo, le prometió que en el futuro las cosas serían muy distintas. Y, efectivamente, así fue. La familia compró una casa grande con portal alrededor, agua corriente y tuvieron una granja de pollos que producía huevos suficientes para ser los suministradores de los hoteles de Cárdenas y que transportaban ellos mismos en un Ford de su propiedad. Cultivaron, además, toronjas, naranjas y caña hasta que se produjo la caída del precio del azúcar en el mercado mundial. Parte de la familia emigró y, años más tarde, el resto.

La otra colonia finlandesa en Cuba coincidió en el tiempo con la de Itabo. Estaba situada en Omaja, a unos quinientos kilómetros al este de la otra comunidad, en la antigua provincia de Oriente. Las ideas que movían a sus fundadores, sin embargo, eran diferentes de las de Eerkko, ya que estaban permeados por un socialismo idealista. Ritva Jarva señala que la agencia de Hornborg en Nueva York pudo, tal vez, servir de vínculo entre ellas.

Niños de la colonia finalndesa en Omaja

Niños de la colonia finalndesa en Omaja

Finlandeses de Omaja

El fundador de la nueva colonia, Oscar Norring, ex capitán de un barco mercante de la Finnish Steamship Company, quizás estuvo en contacto con Hornborg, agente de la compañía. Bastó que Norring leyera en Brooklyn, Nueva York, el barrio donde vivía, un anuncio de The Cuban Land Company solicitando un agente escandinavo para vender tierras en Cuba para que de inmediato fuera uno de los seleccionados. Como conocía varios idiomas: finlandés, sueco, inglés, parecía el más idóneo para ejercer como representante de la compañía que escogió los alrededores del poblado de Omaja para construir la colonia finlandesa.
Allí ya había comenzado la edificación de una colonia norteamericana organizada por la Buenavista Fruit Company que explotaría los cítricos con el fin de ser exportados a los Estados Unidos. La localidad, con sus bungalows y casas al estilo norteamericano, se extendía a lo largo de la línea del ferrocarril de la Cuba Company entre Santa Clara y San Luis en Oriente.

El área del asentamiento comenzaba desde media milla al este de los límites del pueblo y se prolongaba una milla en esa dirección, y media milla hacia el sur. Por el norte bordeaba las paralelas de la línea férrea.

Norring publicó algunos anuncios sobre la venta de tierras en Omaja en periódicos finlandeses como Raivaaja y Tyómies que se editaban en los Estados Unidos. Selma, la esposa de Norring, permanecía aún en Finlandia y tenía buena información de lo que ocurría en Omaja, de las condiciones en Cuba, de lo fácil que resultaba adquirir tierras baratas en esa comunidad. Fue ella quien le informó a William Keskinen, un carpintero y ebanista de Helsinki, acerca de la fundación de la colonia finlandesa en Cuba. Selma se dirigió a Nueva York y desde allí viajó con Norring a Omaja en las Navidades de 1906. Allí fundaron la colonia que bautizaron con el apelativo de Ponnistus, término que significa “Esfuerzo” en finés. El siguiente inmigrante fue el propio William Keskinen quien partió de Finlandia justamente antes de esas Pascuas, pasó dos meses en Nueva York y se dirigió a Omaja en febrero de 1907.

Norring y Keskinen escribieron con frecuencia elogiosas descripciones de Cuba y de la colonia con el propósito de atraer nuevos granjeros hacia la misma. Entre otros asuntos escribía Keskinen: “…el lector que pretenda venir a Cuba a cultivar la tierra, no le crea a todo aquel que niegue, objete o critique su decisión. ¡Venga y vea! Usted mismo podrá hacer un hogar que será mucho más beneficioso aquí que en muchos otros lugares”.

Norring vendía las parcelas de tierra de Omaja con más facilidades y atractivos que otros agentes. Quien las comprara a través de él pagaría dos dólares menos por acre que haciéndolo directamente con la compañía. Sin embargo, la oferta era válida solamente hasta una fecha muy cercana, el primero de junio de 1907.

Los naranjos y otros cultivos

En su opinión, cinco acres de tierra era suficiente para ser explotados por una familia. Pero si ésta crecía o aumentaban las necesidades, entonces sugería adquirir un lote de diez acres. La base económica de la colonia se sustentaba en el cultivo de frutas y vegetales pero él estimulaba, sobre todo, el de naranjas. Esto lo hacía porque en la propia Omaja también existía una colonia norteamericana y suecos inmigrantes estaban iniciando otra, cuyos agricultores y empleados giraban alrededor de la Buenavista Fruit Company. En unas treinta caballerías de tierra exportaba hacia el mercado norteamericano naranjas, precisamente.

Los ingresos que producían eran crecientes. Al cuarto año de explotación ya se podían obtener entre doscientos y doscientos cincuenta dólares de entradas netas por acre. Antes de que las matas hubiesen crecido bastante, entre unas y otras hileras, se podían sembrar viandas y vegetales. Con una irrigación adecuada los vegetales podrían producir hasta tres cosechas al año. Lo más aconsejable era sembrar: piñas, tomates, coles; también se podía cultivar tabaco, pero se necesitaba experiencia y capital, que no tenían los finlandeses, para dedicarse a la cultura del mismo.

Las viviendas eran poco costosas. Una casa de dos pisos, con paredes de tablas y cobijada con hojas, de unos veinte por veintidós pies, valía alrededor de doscientos dólares. Según Ritva Jarva; cualquiera podía construirse una ”cabaña” con paredes de ramas y techo de hojas de palma. Al menos Norring decía que vivía en una casa similar.

Esa comunidad finlandesa no crecía con bastante rapidez a pesar de la propaganda que se le hacía, sobre todo en los Estados Unidos, y de que algunos curiosos parecían interesados en la misma. Ello se debía, según explicaban los interesados, porque se fue cuidadoso en seleccionar a los posibles colonos. Se buscaba que tuvieran conocimientos prácticos de la agricultura y que estudiaran cuidadosamente las ventajas y los inconvenientes de la empresa antes de tomar cualquier decisión.

Crece Ponnistus

A principios de mayo de 1907 ya los inmigrantes habían cultivado seis campos, los de Oscar y Selma Norring, William Keskinen, Atalia Vainio, la esposa de Emil Vainio. Un mes antes habían llegado de Minnesota y ya labraban la tierra Karlo Laine y Oscar Spangar. Emil Vainio llegaría dos meses más tarde. Según Norring, en septiembre de ese mismo año ya se habían establecido en Ponnistus unos veinte finlandeses. Sin embargo, la cifra parece exagerada. A pesar de que todavía en noviembre arribaron Néstor y Alma Virta con su hija Martta, John K Nieminen y Joel Puronen, todos procedentes de Minneapolis, Minnesota y August Aho desde Newark, New Jer¬sey. Asimismo llegó en esa época John K. Leino desde Maynard, Massachusetts. A principios de 1908 había doce granjas y al siguiente año esa comunidad creció. De Finlandia llegaron Edla, la esposa de Otto Parcke, sus hijos y Kustaa Lánkelá. Nacieron Eino, el hijo de Alma y Néstor Virta y también Aune Victoria, la hija de Hilma y Víctor Honka. Fiina y Osear Holm y Matti Ikonen también se encontraban allí en septiembre de 1909.

En 1910 también tenían lotes de tierra, según un dibujo trazado por Norring, Víctor Leander, Elmer Lind, Risto Kangas, Kaar-lo Jukkola, Eeli Kivistó, Otto Leino, Karl Nieminen, Huho Hunta, Aug (ust) V. Siren, John H. Oikemus y Jacob Koskela. David Salo también era propietario de tierra en Omaja. De los seiscientos diez acres de tierra propiedad de la colonia en ese año sólo ciento treinta estaban cultivados. Otras cinco personas que habían adquirido treinta y cinco acres no habían ido a tomar posesión de su lote. Casi todas las parcelas cultivadas estaban situadas en la zona norte de la colonia, junto a la línea del ferrocarril. Las cosechas de vegetales y frutas se exportaban con destino al mercado norteamericano.

“Nuestro objetivo –escribía Norring– es libertad, fraternidad, igualdad y una vida holgada como resultado del trabajo propio, individual”. Alertaba contra los designios materialistas, la codicia.

Los ideales socialistas

Por su parte, Keskinen exhortaba a aquellos que intentaran arraigarse en la colonia, que llevaran los ideales socialistas de la verdad. Con camaradería y fraternidad podrían sobrellevar (la existencia) para construir sus hogares y su felicidad.

Al parecer estaban convencidos de su creencia en el socialismo y la lucha por esas ideas se encaraba en la vida diaria. Los problemas se trataban de resolver a través de reuniones donde participaban los miembros del conglomerado. Entre sí se daban el tratamiento de camaradas. Los funerales y otras ceremonias de la iglesia se realizaban según los principios socialistas. Se creó (previamente planificado) un grupo socialista. Las suscripciones a la prensa fino-norteamericana se hacían a partir de un principio de conciencia clasista.

Sin embargo, el socialismo idealista que preconizaban no pudieron alcanzarlo en los afanes de la vida diaria. Las dificultades y crecientes penurias, sumados a los aspectos más vulnerables de la condición humana, hicieron que afloraran y se agudizaran las disputas acerca de diversos asuntos entre los miembros de la comunidad. Cuando la colonia tenía apenas un año ya se conocía en los Estados Unidos que algunos granjeros se sentían decepcionados. Allá se publicaron las justificaciones: se decía que eran problemas sin mayor importancia, propios de toda nueva idea que se experimenta en la práctica. Por supuesto que todos esos contratiempos serían superados y se auguraba que el futuro de esa comunidad sería brillante.

Dificultades en la colonia

Lo cierto es que no había transporte ni medios suficientes para trasladarse. Según Keskinen, ese era un problema de envergadura. El asentamiento no tenía mayores vínculos con el poblado de Omaja. No había un camino o vía que los enlazara. El río del lugar no tenía puente. Alquilar un caballo o una mula para cargar mercancías no sólo era muy difícil sino caro. Para conseguir que el agua de lluvia almacenada en tanques pudiera darle servicio a todos era necesario acarrearla en mulas desde una distancia de casi cinco kilómetros, a través de un camino de infierno. La carencia de utensilios del hogar y de artículos de uso cotidiano también irritaban a los moradores.

El dueño de la tienda era pobre y apenas tenía provisiones. La tierra de Omaja no era tan fértil como se había dicho. Sólo una parte era boscosa, lo demás era terreno casi desértico. Keskinen afirmaba que se necesitarían tres años de esfuerzos para que un granjero con familia pudiera ganarse la vida con los frutos de su tierra. Vivir en bohíos era molesto pues se veían obligados a compartirlos con ranas, mosquitos y lagartos, arañas y majaes. Costaba trabajo ganarse la vida, sobre todo después que se agotaban los ahorros pues no había muchas posibilidades de hallar un medio de vida más allá de la granja de cada uno.

Algunos colonos empezaron a publicar artículos críticos acerca de sus existencias, sobre todo a partir de las primeras semanas de 1908. A principios de mayo Norring desapareció. Más tarde se justificaría diciendo que simplemente había ido al pueblo. En diciembre de 1907 ya los agricultores finlandeses empezaban a cuestionar el respaldo legal de la propiedad de la tierra que le habían comprado a Norring. Se creó una comisión que debía investigar con el presidente de la compañía si sus títulos de propiedad de la tierra eran válidos.

¿Legalidad de las propiedades?

Después de vender parcelas de tierra de la compañía, Norring les había entregado, a quienes las habían adquirido, recibos redactados en finlandés. La compañía no dio ninguna garantía. Cuando el problema se investigó a fondo se supo que también había confusión en cuanto a la legalidad de los terrenos comprados por la compañía. Esto se debía a las múltiples subdivisiones de la tierra en Cuba y a las que, explotadas en usufructo, tenían derechos heredados. La disputa se agudizó en la primavera de 1909. Por esa fecha, Norring empezó a fundar una nueva colonia en La Atalaya, en las proximidades de Nuevitas. Y dijo que le ofrecía a los fineses de Omaja la oportunidad de mudarse para ésta. No sólo no aceptaron la oferta sino que denunciaron a Norring por intentar evadir las reclamaciones que se le hacían. Incluso lo acusaron de ser peor que los especuladores cubanos y de haber traicionado a sus camaradas “haciéndose pasar por uno de ellos”.

La colonia entró en crisis, los granjeros más antiguos empezaron a abandonarla. De todo ello estaban informados los finlandeses de Norteamérica. En una de las publicaciones se decía: “Todos los que eran capaces de irse se fueron. Sólo los que no podían hacerlo permanecieron”. Pocos años más tarde el asentamiento se quedó casi desierto. En 1917 sólo rsistían allí tres granjeros y uno de ellos era Keskinen. Norring regresó a Brooklyn donde trabajaría como carpintero. A él le achacaban las causas del fracaso de aquella experiencia. Según Ritva Jarva no fue capaz de resolver los problemas de la propiedad de la tierra ni tampoco de organizar satisfactoriamente condiciones mínimas para la existencia de aquella comunidad. Sin embargo, no se le podía atribuir solamente a él la responsabilidad por el fracaso.

Desventuras de la aventura

Una de las principales causas, sin dudas, se debió a que aquellos granjeros no tenían conocimientos ni experiencia del cultivo de frutas y vegetales en un medio completamente diferente al de su país o al de los Estados Unidos, de donde habían emigrado muchos de ellos. Eran, indistin¬tamente, leñadores, mineros o artesanos, trabajadores de laminados de metal, carpinteros, ebanistas y hasta uno de ellos era orfebre. En la temporada de lluvias de 1909 se lamentaban de que andaban como cerdos en el fango, se les habían agotado los ahorros y la miseria y las penurias eran tales que casi provocaron la muerte por hambruna. El despoblamiento se aceleró al incendiarse el aserradero de los norteamericanos y la compañía que explotaba la producción y exportación de frutas a los Estados Unidos quebró por falta de fondos. Ese siniestro limitaba considerablemente las oportunidades de trabajo fuera de la colonia finlandesa.

Aquella idealización del socialismo no prosperó. Los problemas que se suscitaron eran tan graves que tuvieron que enfrentarse a condiciones de vida de mera supervivencia. Los colonos se vieron forzados a renunciar a aquella utopía, sus ideales más caros, y regresar al mundo que habían pretendido abandonar.

El sueño de Eero Erkko de convertir a Cuba en una “Nueva Finlandia”, tal y como lo había intentado Konni Zilliacus en Canadá, quedaba trunco, una vez más, por coyunturas y azares de la historia. Así, tanto en Itabo como en Omaja, Cuba se había convertido en un paraíso inalcanzable para los finlandeses. Esas comunidades estaban conformadas por los ideales, las aspiraciones y las necesidades de utopía de los hombres de este siglo nuestro, pero también de cualquier tiempo.

Nota

Nuestro más profundo reconocimiento al personal del Instituto de la Migración de Turku, Finlandia y, en particular, a Maija-Lisa Kalhama, Secretaria Ejecutiva de esa institución por su proverbial gentileza al poner varios documentos a nuestra disposición. A Sirkku Somero, la joven estudiosa de la literatura cubana, por su generosa colaboración en la traducción de algunos textos y a Penti Ollila, formidable anfitrión y cicerone, que con tanta largueza abrió las puertas de su hogar y de su amistad.

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