Esta hora decisiva

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Tomado de Suplemento “Lunes de Revolución
No. 34 – 9 de noviembre de 1959

Querámoslo o no, todos los cubanos estamos viviendo el momento más trascendental de nuestra historia. La Revolución ha trascendido nuestras limitaciones insulares para proyectarnos universalmente. Indigna ver la apatía o la indiferencia de unos cuantos en esta hora decisiva. Y esto sucede cuando nuestro destino, no ya como sociedad civilizada solamente, sino como individuos, está en juego. No es que se presente la alternativa entre regímenes de esta u otras características. Se trata del cubano como hombre. Del cubano como fuente generadora de historia. Del cubano – haciendo abstracción de sus gustos personales, su psicología o su pertenencia a una clase determinada –, como individuo comprometido con su época. Decía Jean Paul Sartre que todo hombre que se comprometía – es decir, quien tomaba una actitud clara y terminante frente a la vida – estaba comprometiendo con su acto a toda la humanidad.

Y ese es nuestro privilegio y nuestra responsabilidad como cubanos comprometidos en esta hora decisiva, “O se está con la Revolución – es decir, con todo lo que existe de genuinamente cubano y por ende muy universal – o se está contra la Revolución”, dijo Fidel hace unas semanas. En estos momentos no caben las actitudes mandarinescas ni las sutilezas de los reflejos de la luz en una bandeja de plata.

Ahora sí que no caben las imposturas del apoliticismo, el “objetivismo” o el neutralismo. Como individuo el cubano no puede ser neutral en esta hora decisiva. Ni mucho menos espectador. Aquí no se repetirá como en España, el lamentable espectáculo de una juventud desganada entre las sotanas del Opus Dei y los armiños de los Borbones. “Aquí o nos salvamos todos o nos hundimos todos”, volvió a decir Fidel. Y es que esta hora no es de paliativos y mucho menos de razonamientos surgidos del humo tibio de una pipa o del fresco reconfortador de un acondicionador de aire.

La Revolución son las voces de la calle; la Revolución son los brazos vigorosos de los campesinos con sus machetes y los obreros con sus herramientas; la Revolución es una expresión clara y definida de nuestras manifestaciones de cultura.

La Revolución es la lucha frontal contra el Imperialismo norteamericano y las ignominias que de su penetración en nuestro país se desprenden. La Revolución nos libera definitivamente como ciudadanos de un país hasta ayer feudo, ciudadela, castillo.

Por eso, – hay que elegir. O con Pedraza y su larga estela de asesinatos de obreros y gente humilde durante la huelga de Marzo de 1935; o con Núñez Portuondo y sus envilecidas actitudes de payaso del Imperialismo norteamericano; o con Trujillo y sus cementerios; o con los latifundistas nacionales y sus voceros de la prensa cien veces y más de cien años reaccionaria; o con los Imperialistas norteamericanos, violadores de nuestra soberanía, de nuestras riquezas, de nuestras libertades, de nuestra cultura, o con todo un pasado abominable o con la Revolución.  Hay que elegir.

Este es el privilegio y de la responsabilidad del cubano en esta hora decisiva. La lucha entablada no es contra tal o más cual país. La lucha es: o Reforma Agraria, Cooperativas y Tiendas del Pueblo para los campesinos cubanos o miles de caballerías de tierra para los latifundistas nacionales y los monopolios norteamericanos y sus naturales secuelas: el latrocinio, la tortura, el sobresalto de vivir con cada amanecer. Hay que elegir.

Hay que elegir entre los que dejaron atrás millares y millares de ataúdes o con los que, por primera y última vez en nuestra historia, han puesto en el pecho de los cubanos una larga esperanza.

En todos los tiempos y en todas las latitudes la vida siempre ha tenido un hondo sentido para los hombres. Sin embargo, hasta el 1ro. de Enero de 1959, paradójicamente, no era la vida lo que tenía sentido para los cubanos sino la muerte. De los polvos y las cenizas de aquella Vieja Sociedad surgió el salto histórico más formidable que registra la Historia de la América Latina en el Siglo XX y uno de los más importantes en todo el Mundo.

Cada cubano debe estar consciente del papel histórico que está jugando en esta hora decisiva como ciudadano de un país que está violentando las entrañas de la naturaleza para que la misma le entregue a él, como hombre, lo que al hombre le pertenece. El cubano no puede esperar otro milagro que no sea el que realicen sus propias manos. El mundo y su honda pupila – el mundo y sus millones de seres de la Vieja Asia y las jóvenes África y Latinoamérica – están pendientes de las manos de los cubanos. El Imperialismo norteamericano, herido de muerte, se niega a aceptar el veredicto de la historia: quedar como chatarra vieja para que jueguen los muchachos en sus ratos de ocio al salir del colegio. O como pieza de museo para que las generaciones venideras se enteren que existió alguna vez. En esta lucha de dos mundos irreconciliables, las manos de los cubanos serán decisivas. Las mismas manos que produjeron riquezas para vientres extraños, producirán escuelas, producirán cantos, producirán alegrías para sus propios hijos.

Otra vez, si fuera necesario, brillarán al sol y oiremos el ritmo de los machetes en nuestras plazas y campos.

En esta hora decisiva, hay que elegir.

Nota del Editor : Este artículo se publica en el suplemento “Lunes de Revolución”, a modo de editorial, como un llamamiento a todos los cubanos, en una de las épocas más difíciles de la Revolución Cubana cuando durante sus primeros meses de existencia recibía los ataques de los monopolios imperiales para estrangularla por todas las vías posibles.  Para comprender mejor la trascendencia de este artículo periodístico es importante conocer más de la historia de Cuba en los primeros años de la Revolución (1959-1961) que desembocaría en la invasión que se orquestara desde EE.UU. por Playa Girón en abril de 1961 que como es conocido culminó como la primera derrota del impearialismo yanqui en América Latina.

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